5.26.2009

[Agua]

Y llegué a la conclusión de que no es un venero, sino un río completo; con sus bosques de galerías, que le crean sombras y que le hacen tan apacible. Me brinco por mi ventana, bajo las piernas con cuidado de no pisar a Lía, mi perra.Paso sobre ella, ni un movimiento hace... creo que esta dormida o se hace la muerta.
De puntillas recorro los dos metros que separan mi ventana de aquel bosque de galerías... despacio, en silencio, me agacho y tomo un canto rodado; Lo levanto con la mano izquierda, para eso de la mala suerte, y camino hacia las sombras que juegan bajo los árboles... todo sea para alejar la salación, los espíritus y los recuerdos (Me estorba la memoria).
Tengo ganas de conversar con la Llorona. No tengo el valor para decirle que es abuela, la última vez que se me ocurrió decirle que ya nadie la escucha porque todos gritan, por poco y me saca los ojos!. Camino despacio, sin prisas, sin temor, sin encontrar a la Llorona. No hay nada, aquel río que me arrullaba por las noches, que tantas ranas pastaban en sus orillas, que tantos peces pescaban humanos con su encanto, de todo ello ya no queda nada.
¿Será que el efecto invernadero de la soledad humana le ha pegado? Será mejor que vuelva. Mi decepcion por ya no encontrar lo que debe ser, crece a medida de mis pasos. Salgo del que antes fue un río y con fuerza y sobre mi hombro izquierdo aviento el canto rodado, no vaya a ser que me traiga conmigo la salación, los espíritus o alguno que otro recuerdo.