1.20.2011

El Hombre que nunca decia: Gracias.

 (Historia verdadera, de un recuerdo lejano, escrito hace tiempo y hoy publicado)
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Tus labios temblaban, los mordiste fuertemente. Tu mirada seguía perdida en un punto imaginario de la madera lustrosa del féretro. Ella tomo tu mano, con suavidad y automaticamente la envolviste con tu puño. Nunca levantaste la mirada. Creì ver una làgrima cayendo desde tus ojos, pero con el gèlido aire se seco en un instante. Ella, soltò tu mano y volteo a verte, con esa mirada de niña que solía volverte loco, y el silencio se rompió cuando de su boca salió una frase:
- Así es la vida. Resignate.
Ella se dio la media vuelta y se marcho. Tus rodillas se doblarón y te hincaste al borde de la tumba de tu padre. Empecé a moverme porque unicamente quedamos allí de pie, tu , tu madre y yo. Creía que merecias respeto en ese momento, así que por primera vez en un año, te deje solo... por mi voluntad. Sentiste mi movimiento, levantaste los ojos y no pronunciaste ni una palabra. Rompiste en llanto y no agachaste la mirada, pero con tu mano apretabas con gran fuerza un puñado de tierra. Temblabas presa de un exorcismo del alma... Sacabas los demonios del olvido, perdonaste las ausencias y las injurias. De mis ojos escurrian las lagrimas. Te pusiste de pie y caminaste hacia mi, extendí los brazos y te abrace tan fuerte como mi propia fuerza me lo permitía, mientras tus brazos me atenazaban queriendo extraerme el ultimo aliento del cuerpo.
- Nunca tuve padre, dijiste.
- Porque me duele tanto? me cuestionaste.
Guardé silencio. A veces esa es la mejor respuesta.
Rompiste tu dureza, la frialdad de nuestro calido trato como amigos, rompiste nuestras fronteras y nuestro tácito acuerdo de no ser humanos comunes, que se permiten ser sensibles. Me miraste y no me pediste, me exigiste: - Jamas, escuchalo bien, jamás me dejes. Hiciste una pausa: - Aunque el día de mañana te cases, seas feliz y tengas una familia, jamás me dejes.  Como respuesta solo te abrace con mayor impetu. Me soltaste y empezaste a andar, con ese garbo tuyo, levantandote el cuello de la chaqueta negra, adoptando la pose inhumana de costumbre. Acerte a sonreir, ese eres tu, el que me exige cada día un mejor desempeño, el que me regaña sin motivo aparente, pero con toda la razón, el que me cuestiona si realmente soy feliz o solo creo serlo... Mientras caminabas detras de ti, una frase salio de tu boca: -Gracias. Se perdió en el ulular del viento, pero mis oidos aun la conservan. Una semana después, falleciste. Fué la primera y la ultima vez, hasta el dia de tu muerte, que pronunciaste aquella palabra de agradecimiento, la que te negaste desde niño a expresar, cuya ausencia te inmortalizó entre los que te conocieron. Nunca supe con quien hablabas. Eras ateo.

Prometo no extrañarte.

Sé que me estrangularías por mostrar una de las muchas fotos que tengo de ti; pero da lo mismo, hace 5 años te fuiste y yo, me quede aqui... "A los que se van, y no vuelven, a eso, esos realmente los extraño". Con amor, para ti. Soad.